Hace muchos años, por allá de 1987, en un pequeño país de Centroamérica, un aprendiz de dictador llamado Oscar Arias recibe el premio nóbel de la paz. Su nuevo traje, al igual que el emperador idiota del cuento de Hans Cristian Andensen, lo hizo sentirse superior y mejor vestido que cualquiera, claro, cual mortal osaba siquiera comparársele.
Pasaron los años y el dictadorzuelo deseaba que la plebe volviera a admirar su traje, de manera que le torció el brazo a algo que en aquel lugar y en ningún otro del mundo se llama Sala Constitucional, para volver a la presidencia, se me olvidaba contarles, que además, hizo trampa en las elecciones, pero eso no es relevante.
Al llegar por segunda vez al poder su ego creció de manera desproporcionada y sus acólitos, al igual que en el cuento de Andersen, no dejaban de elogiarlo, por sus múltiples logros, su inteligencia sin limites, su virilidad, su porte griego, aunque en realidad, como no tenía un traje de verdad puesto encima, se paseaba ante todos, en pelotas.
Muchos asustados, lo elogiaban aunque no veían el traje maravilloso, pero había algo que se llamaba COMEX y con la ayuda de UCAEEP, le metían miedo a la gente, además, la asamblea legislativa, en su inmensa mayoría apoyaba al dictador, así paso el TLC, las leyes de implementación, UPOV, en fin un desastre total. Mientras tanto el dictador se agarraba y volvía con la novia, ya que él a pesar de ser una criatura casi sobrenatural (de eso no hay duda), también necesita del amor de una mujer. Llego la temida gripe porcina, donde se murieron más personas que en toda Centroamérica, la platina sobre el puente del río Virilla hizo retroceder al pueblo a la época de la colonia, hasta la pobre Virgen de los Ángeles se quedo sin su peregrinaje anual.
Hasta que en un país cercano llamado Honduras, al presidente constitucional, una camarilla, de la misma estirpe que Arias, le dan un golpe de Estado y lo sacan de la presidencia, el mundo entero reacciono, la ONU, la OEA, Europa, los gringos a regañadientes y nada que los gorilas querían devolverle a Zelaya su presidencia, hasta que apareció él, el iluminado, con su traje maravilloso y dijo ¡ no temáis, yo estoy aquí!, pero a diferencia de los cuentos de hadas y como suele pasar en la vida real, lo mandaron al carajo, entonces un niño grito ¡pero si no lleva nada de ropa!, y ahí fue donde el pobre diablo se dio cuenta, que durante 20 años, su traje maravilloso solo lo veía él.