Un testimonio más

      Cartago, 28 de julio de 2009

      Sr. Ing. Rolando Araya Monge
      Su Oficina

      Estimado Rolando:

      En atención a tu interés amplío los conceptos que figuran en nota mía incluida en la página web de Tribuna Democrática, a raíz de la difusión de tu denuncia sobre los mismos hechos que paso a referir de seguido.

      Con don Hernán Garrón Salazar, esposo de una hermana de mi madre, cultivé una relación muy especial. No sólo las de orden familiar surgidas de hechos que no viene al caso relatar aquí. También relación especial de tipo político pues aunque siempre estuvimos en tiendas partidarias diferentes, había una marcada comunión en punto al destino de la Patria y a la promoción del desarrollo con justicia social de lo que hablamos con frecuencia.

      En determinado momento, Hernán -ya afectado por una delicada dolencia de salud- creyó que me tenía que hacer saber que siendo Ministro de Seguridad Pública le tocó vivir un capítulo deshonroso del actuar político. Me habló de que a la llegada al aeropuerto Juan Santamaría del señor Mario Valverde Zamora a éste se le decomisó una valija tras una minuciosa pesquisa de sus pertenencias. Tal valija llegó al Ministerio de Seguridad Pública más tarde como correspondía hacerlo desde una dependencia del Despacho en el aeropuerto. La valija no tenía en su interior nada que hiciera alusión a Rolando Araya Monge, a su campaña, o a su movimiento. Y atendiendo una petición de la Casa Presidencial, se la envió. Para su sorpresa, unos pocos días después la Casa Presidencial convocó a conferencia de prensa e hizo público que en esa valija se habían descubierto unas calcomanías supuestamente propias de la candidatura de Rolando Araya Monge y que habían servido para encubrir una importante cantidad de dólares.
      Aquello sorprendió a Hernán sobremanera. A medida que indagó, llegó a la conclusión de que había habido un montaje de alto vuelo para destruir políticamente a Rolando Araya e interpretó que detrás de aquello se movían manos muy poderosas. No necesité que él me diera nombres para imaginarme de quién eran.
      Hernán me pidió reserva de lo que me contaba -adolorido del silencio que mantuvo, que él interpretaba como una equivocación- y creo recordar que me dijo que los hechos eran del dominio de un colaborador suyo muy allegado en el ministerio y del periodista oficial de la dependencia.
       

      Te saluda,
      Alvaro Madrigal Castro