Nunca he sido liberacionista. Conozco a Rolando Araya desde hace muchos años, pero desde la distancia. Lo he adversado directamente con mi trabajo propagandístico electoral. Por ejemplo cuando acompañé las luchas quijotescas de José Miguel Corrales empeñado en salvar la Institucionalidad de Costarrica y rescatar al PLN de la rampante corrupción y abandono de principios e ideales que lo ha caracterizado en los últimos lustros. O cuando sumé mi trabajo y mi voto al caudal electoral del PAC frente a Rolando como candidato del PLN.
Y aunque nunca he sido del PLN, nada me impidió reconocer la presencia de hombres y mujeres, valiosos, patriotas honestos e íntegros entre sus dirigentes. Cuando los tuvo... porque hoy a lo sumo le quedan algunos dirigentes de base, ingenuos.
Hoy se comienza a agitar la marea de un nuevo proceso electoral en una Costarrica que navega al pairo, sin capitán, sin brújula y a la gana de los vientos neoliberales. Los pocos dirigentes liberacionistas, las pocas figuras relevantes que le han quedado al PLN después del desastre en que lo precipitó el gran poder económico y los intereses feudales que lo coparon para castrarlo ideológicamente, lo están abandonando. Porque la disyuntiva es esa: plegarse al poder antihumano de las transnacionales o poner a Costarrica nuevamente a la cabeza de los países que se levantan para alcanzar un orden justo, una nueva relación entre seres humanos y naciones movidos por el amor a la Vida y la Justicia.
Es frecuente escuchar a los liberacionistas decir que el Partido ha sido como una gran familia y que por eso duele tanto cuando la familia en los últimos tiempos se va desmembrando. Unos primero y otros después, los idealistas se van yendo, el éxodo es permanente, y al PLN en vez de abanderados de causas nobles le van quedando clientes o incautos, y así se entiende, que con apoyo de mendicantes de diversos estratos y el soporte de muchos millones de dólares, ha podido seguir jugando en la cancha electoral, con jueces parciales y complacientes.
Tal vez sea más que un símbolo, y lo digo sin mala fe, sin intentar enemistar al hermano con el hermano pues a ambos los respeto en tal condición, pero es el signo de los tiempos, Johnny Araya puja por la candidatura del ex-costarricense PLN, del anti-costarricense PLN, al tiempo que Rolando Araya cuestiona dramáticamente a Liberación Nacional, denuncia el abandono de los postulados socialdemócratas, la inconcebible participación en la venta de la Patria a pedazos, el intentar apagar las luces rutilantes que don Pepe encendió para iluminar el camino propio de Costarrica. Rolando Araya entonces tendrá que pagar su osadía. Esos que jamás podrían tirar la primera piedra le enrostrarán algún error del pasado, volverá la maledicencia y la trampa artera a querer silenciarlo, querrán asociarlo con lo impronunciable, con lo oscuro. Será escarnecido.
Hace poco llegó a mis manos la primera redacción del CREDO PATRIÓTICO, (ya existe una segunda con aporte de otros ciudadanos), escrito por Rolando. Nadie que sea coherente, podría profesar ese credo y continuar en el PLN, instrumento de poderosos intereses foráneos.
Confieso que siempre adversé sus posiciones a priori. Bastaba que fuese parte del PLN para que yo no pusiera mayor atención a su pensamiento. Creo que yo tenía razón solo en eso, en ser pertinaz opositor de un partido decadente que iba arriando una por una sus banderas sociales. Pero me equivoqué al medir a Rolando Araya solo como liberacionista. Pasé por alto su condición de pensador, su pasión por Costarrica.
Le he seguido la pista en los últimos años, me lo he topado en decenas de rincones del país, yo en lo mío cantando, investigando y él denunciando sin tregua el TLC y el proyecto neoliberal. Costarrica esperaba de Rolando Araya un acto de dignidad que no podía postergarse más. Y miles de liberacionistas también esperaban esa señal, para abrazar la causa del destino costarricense: la búsqueda de la Libertad, la Justicia, la Dignidad.
Don Rolando, un nuevo tiempo se hace sentir para la Historia. Ha llegado la hora de las verdades. La inexorable hora de Juanito Mora, que regresa a lomos del patriotismo. Del verdadero humanismo civilizador. Es la hora de la más resuelta unidad de las fuerzas patrióticas y populares, Usted ha llamado a pensar, analizar y reflexionar, ha llamado a refundar Costarrica. Pasemos del pensamiento a la acción. Costarrica no aguanta más.